Durante muchos años nunca me hice una pregunta que hoy considero esencial
¿Por qué el cuerpo de adapta? Comprender por qué el cuerpo se adapta cambió completamente mi forma de interpretar los síntomas, mi forma de entender la nutrición clínica.
Si tenía inflamación, pensaba cómo reducirla.
Si tenía sobrepeso, cómo ayudarle a perderlo.
Si sufría estreñimiento, cómo mejorar el tránsito intestinal.
Si tenía una enfermedad autoinmune, cómo disminuir la actividad del sistema inmunitario.
Nunca me preguntaba algo mucho más importante.
¿Por qué ese organismo había decidido cambiar su forma de funcionar?
Y, sin darme cuenta, estaba interpretando el síntoma como un error.
2. La gran creencia
Desde pequeños hemos aprendido a interpretar el cuerpo de una forma muy concreta.
Si aparece dolor, pensamos que algo falla.
Si aparece inflamación, pensamos que algo falla.
Si aumenta el peso, pensamos que algo falla.
Si una mujer deja de ovular, pensamos que algo falla.
Y cuando un análisis sale alterado, pensamos que el organismo ha empezado a funcionar mal. Sin apenas darnos cuenta, hemos aprendido a identificar la salud con un cuerpo que nunca cambia. Y cualquier cambio lo interpretamos como un error.
Sin embargo, la biología lleva millones de años demostrando exactamente lo contrario. La vida no sobrevive porque permanezca igual. Sobrevive porque es capaz de cambiar cuando cambia el contexto. Porque adaptarse no es una excepción de la vida. Es una de sus características más esenciales.
La vida no permanece.
La vida se adapta.
Una adaptación no es buena ni mala. Es útil mientras el contexto que la hizo necesaria continúa presente. El problema aparece cuando ese contexto cambia y el organismo sigue utilizando la misma estrategia. Es entonces cuando una adaptación protectora puede terminar convirtiéndose en una fuente de sufrimiento.
3. El cuerpo cambia porque el contexto cambia
Cada célula de nuestro organismo está leyendo constantemente el mundo que la rodea.
Lee si hay alimento o escasez.
Lee si existe seguridad o amenaza.
Lee si dispone de energía suficiente.
Lee si puede reparar tejidos o necesita ahorrar recursos.
Lee si es momento de crecer.
O si es momento de protegerse.
El cuerpo no responde únicamente a lo que comemos. Responde al contexto completo en el que vivimos. Y cuando ese contexto cambia, el organismo también cambia. Porque un organismo que no cambia cuando cambia su entorno tiene muchas menos posibilidades de sobrevivir.
Adaptarse no es una señal de debilidad. Es una demostración de inteligencia biológica El cuerpo no cambia al azar. Toma decisiones en función de la información que recibe.
Si el organismo se adapta al contexto, podemos replantearnos la forma de leer las señales del cuerpo y, entonces podemos pensar ¿Y si el problema nunca hubiera sido el síntoma?, ¿Y si el verdadero problema fuera no haber comprendido por qué apareció?
«Entonces… ¿el síntoma puede tener un sentido?»
4. Entonces… ¿por qué aparecen los síntomas?
Si el cuerpo cambia porque intenta adaptarse al contexto, los síntomas dejan de ser únicamente un problema que eliminar. Empiezan a convertirse en una forma de comunicación.
No aparecen para perjudicarnos. Aparecen porque el organismo ha tenido que tomar una decisión para favorecer la supervivencia del organismo.
Cada síntoma nos habla entonces de una adaptación. Una adaptación que puede ser útil durante un tiempo. Una adaptación que puede tener un coste. Una adaptación que, si el contexto no cambia, puede mantenerse más tiempo del necesario.
Por eso, cuando aparece un síntoma, la primera pregunta ya no es:
¿Cómo lo hago desaparecer?
La primera pregunta pasa a ser otra muy distinta.
¿Qué está intentando resolver mi cuerpo con esta adaptación?
Quizá está intentando ahorrar energía.
Quizá proteger un tejido.
Quizá priorizar funciones esenciales.
Quizá defenderse de una amenaza.
Quizá simplemente está respondiendo de la mejor manera posible con los recursos que tiene en este momento.
Eso no significa que el síntoma sea bueno. Significa que antes de intentar eliminarlo necesitamos comprender por qué apareció. Porque solo comprendiendo la adaptación podremos ayudar al organismo a dejar de necesitarla.
Todo síntoma cuenta una historia.
Y comprender esa historia cambia por completo la forma de acompañar a una persona.
La historia de cómo un organismo ha intentado adaptarse al contexto en el que vive. Por eso, comprender un síntoma exige comprender también la historia de la persona. Ninguna adaptación aparece aislada. Forma parte de un contexto, de unas circunstancias y de una biografía. En la consulta, escuchar esa historia suele ser tan importante como comprender el propio síntoma.
5. Si comprendemos la adaptación, cambia la forma de cuidar el cuerpo
Durante mucho tiempo hemos intentado ayudar al organismo luchando contra aquello que nos preocupaba.
Contra el dolor.
Contra la inflamación.
Contra el sobrepeso.
Contra el cansancio.
Contra el insomnio.
Cada adaptación es una decisión. No una decisión consciente. Sino una decisión biológica. El organismo evalúa continuamente la información que recibe y responde de la forma que considera más útil para sobrevivir.
Por ello la verdadera pregunta sea otra.
¿Qué necesita dejar de ocurrir para que el cuerpo ya no necesite adaptarse de esa manera?
Y esa pregunta lo cambia todo. Porque desplaza nuestra atención del síntoma al contexto que lo hizo necesario. Quizá el cuerpo no está intentando hacernos la vida más difícil. Quizá está intentando mantenernos con vida utilizando las herramientas que tiene disponibles en ese momento. Lo que interpretamos como un problema puede ser, en realidad, un intento de protección.
El cuerpo no necesita que luchemos contra él.
Necesita que comprendamos qué le llevó a tomar esa decisión.
Cuando comprendemos la adaptación, dejamos de enfrentarnos al organismo. Empezamos a colaborar con él. Dejamos de preguntarnos únicamente qué debemos quitar. Y empezamos a preguntarnos qué necesita recuperar. Porque un cuerpo que deja de percibir amenaza ya no necesita protegerse de la misma manera.
Un cuerpo que vuelve a sentirse seguro puede permitirse responder de otra forma.
Quizá la pregunta nunca fue:
¿Qué le pasa a mi cuerpo?
Quizá la pregunta siempre fue otra.
¿A qué está intentando adaptarse?
Porque cuando cambia la pregunta, cambia la comprensión. Y cuando cambia la comprensión, cambia por completo la forma de cuidar la salud.
El cuerpo nunca cambia sin motivo.
Siempre cambia por una razón.
Nuestra responsabilidad no consiste únicamente en intentar corregir ese cambio. Consiste, antes que nada, en comprender qué lo hizo necesario.
Ahí comienza el Método R.E.G.U.L.A.R.
Si este artículo ha cambiado tu forma de entender el cuerpo, te invito a leer el Manifiesto Fundacional del Método R.E.G.U.L.A.R., donde explico cómo nació esta forma de comprender la nutrición clínica.

