El cuerpo no se equivoca, se adapta.

Este artículo inaugura la Escuela de Pensamiento en Nutrición Clínica del Método R.E.G.U.L.A.R. No pretende explicar una enfermedad ni ofrecer un tratamiento. Pretende compartir la idea que dio origen a una forma diferente de leer el cuerpo humano.

Han tenido que pasar años, muchos años hasta llegar donde estoy. Sin embargo, debo decir que el camino que he recorrido a merecido la pena, el tiempo que he dedicado a mi formación a mi trabajo han merecido la pena, las decisiones tomadas, incluso aquellas que en su momento pensé  que podían ser erróneas, han merecido la pena y, todo aquello que durante años parecía no tener sentido, por fin un día sin saber muy bien cómo, todo empezó a encajar y es ahora cuando nace lo que debe de nacer.

Hoy desde una mirada más serena y tranquila, cuando una persona acude a mi consulta comprendo que su cuerpo no se equivoca, se adapta. Sin embargo, durante muchos años interpreté el cuerpo desde una mirada muy distinta, una perspectiva que limitaba mi capacidad para comprender a qué se estaba intentando adaptando ese organismo. Aunque bien es verdad que, en todos estos años, nunca dejé de observar, de querer aprender y de buscar comprender lo que le ocurría a la persona que acudía a mi consulta.

Durante años aprendí que, cuando una persona tenía dolor, la prioridad era eliminarlo. Con el tiempo comprendí que antes de intentar silenciar el dolor, necesitaba entender por qué había aparecido. Así aprendí tres cosas:

  • Escuchar el dolor.
  • Comprender por qué ha aparecido.
  • Solo entonces intentar aliviarlo.

Aprendí una forma de leer el cuerpo:

Si duele, intentamos apagar el dolor.

Si se inflama, queremos apagar la inflamación.

Si aumenta de peso, queremos adelgazar.

Si deja de ovular, queremos que vuelva a ovular.

Si aparece un síntoma, asumimos que el cuerpo está funcionando mal.

Y, casi sin darnos cuenta, hemos aprendido a vivir enfrentados a nuestro propio organismo.

Con el tiempo comprendí que no bastaba con leer los síntomas. Había que aprender a leer las adaptaciones del organismo, sus prioridades, la historia de la persona y el contexto en el que vive.

Y todo empezó con una pregunta

Todo cambió cuando dejé de buscar respuestas y empecé a formular mejores preguntas

Mi forma de trabajar empezó a cambiar el día que cambiaron mis preguntas y, las respuestas no aparecían cuando buscaba una solución nueva, aparecían cuando cambiaba la pregunta.

Así, poco a poco dejé de preguntarme:

 ¿Cómo elimino este síntoma?

Y empecé a preguntarme:

¿Qué está intentando hacer este organismo?

Y entonces apareció otra pregunta.

¿Y si el cuerpo no estuviera intentando perjudicarnos?

¿Y si, en lugar de equivocarse, estuviera intentando adaptarse?

Desde entonces, cada vez que una persona entra en mi consulta, mi mente empieza a buscar respuestas a través de preguntas.

No pienso únicamente en el diagnóstico.

Pienso en la persona que tengo delante.

Y las preguntas empiezan a aparecer de forma casi automática.

¿Qué hace que una persona castigue su cuerpo cuando, en realidad, lo que más desea es cuidarse?

¿Qué puede impedir que una mujer no consiga quedarse embarazada?

¿Qué lleva a un organismo a dejar de ovular?

¿Qué lleva a una persona a seguir haciendo aquello que sabe que le perjudica?

Porque he aprendido que, cuando la pregunta cambia, también cambia la forma de comprender el cuerpo.

Y cuando cambia la comprensión, cambia por completo la estrategia.

Cuando todas las piezas encajaron

Durante años fui reuniendo conocimientos, experiencias y preguntas. Cada etapa de mi vida profesional dejó una pieza sobre la mesa. La enfermería me enseñó a observar a la persona. La docencia me enseñó a ordenar el conocimiento y a transmitirlo. La consulta clínica me obligó a cuestionar respuestas que parecían suficientes. La psiconeuroinmunología amplió mi forma de entender el organismo y la nutrición terminó integrando todo ese aprendizaje. Durante mucho tiempo vi esas piezas por separado. No comprendía qué las unía. Parecían caminos distintos.

Hasta que un día dejé de intentar conectar disciplinas y empecé a conectar personas.

Fue entonces cuando comprendí la idea que daba sentido a todo lo aprendido:

El cuerpo no se equivoca. Se adapta.

Desde entonces comprendí que la nutrición clínica no consistía únicamente en indicar que debía comer una persona. Consistía, antes que nada, en aprender a leer su cuerpo.

Aquella forma de comprender el cuerpo necesitaba un nombre.


Método R.E.G.U.L.A.R.

Este manifiesto es solo el comienzo.

A partir de aquí iremos construyendo, artículo a artículo, la Escuela de Pensamiento en Nutrición Clínica del Método R.E.G.U.L.A.R., compartiendo una forma diferente de comprender el organismo, la enfermedad y la salud.